domingo, 22 de febrero de 2009

Domingo de Quincuagésima.

Estación en San Pedro (Semidoble de 2ª clase - Ornamentos morados).

El Introito expresa los sentimientos de quien acude a Dios como a su protector y único refugio. Si queremos conocer la naturaleza del Cristianismo, leamos con detención la Epístola que hoy nos propone la Santa Iglesia. Es ella el más hermoso y autorizado elogio de la caridad, verdadera esencia de la religión de Cristo. ¡Con qué sentimiento lo manifiesta Jesús a sus Apóstoles en el Evangelio de este día!. Los fieles, amantes de Dios, debemos con la Iglesia repetir las palabras del ciego de Jericó: ¡Señor, que vea!. Esto se pide en el Ofertorio: que nos dé la luz, para conocer su santa ley; y, recordando el maná del cielo (Comunión), pide que nos fortalezca el nuevo alimento celestial que recibimos en la Comunión contra todos nuestros enemigos (Poscomunión).
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ORATIO
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Preces nostras, quæsumus, Dómine, cleménter exáudi: atque a peccatórum vínculis absolútos, ab omni nos adversitáte custódi. Per Dóminum.
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Escucha, te rogamos, Señor, nuestras súplicas según tu misericordia, y, libres de los lazos de nuestros pecados, presérvanos de toda adversidad. Por Nuestro Señor Jesucristo...

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